jueves, 2 de noviembre de 2017

Cumandá, una descripción de los pueblos asentados en la selva amazónica


Juan León Mera, realiza en su obra Cumandá una descripción de los pueblos asentados en la selva amazónica, los que él llamaba “salvajes”. En la trama de la obra describe con bastante presteza los paisajes del oriente ecuatoriano, la selva con su afluentes principales en el Pastaza y cómo se había asentado los pueblo indios en la espesa selva y su logrado contacto con los misioneros jesuitas, domínicos y otras órdenes católicas, logrando culturizarse hacia la visión colonial, según la óptica del escritor que ve con buenos ojos la transculturización católica de los pueblos originarios de la amazonia y de los indígenas de la serranía en general. La obra procura también ser una novela indigenista en cuanto a revelar la constante lucha y el maltrato de los conquistadores sobre los pueblos autóctonos conquistados.

 Mera señala en su drama a las tribus jíbaras y záparas, denominándolas “indios salvajes”, donde señala que son nómadas en busca de subsistencia a lo largo de la selva.  Los describe como incultos, expresivos, enérgicos y también hospitalarios con los viajeros como los záparos.  A los jíbaros los denomina fieros.  Descarta el canibalismo entre ellos.  Sin embargo, sabe que en la guerra son astutos y sanguinarios, vengativos por una necesidad de serlo para subsistir.  Los tienen por costumbre sacrificar a la más querida de las esposas de sus valientes cuando estos mueren “para que la acompañen al país de las almas”.  Una forma de describir el autor el estado de salvajismo en las tribus que acompañan a su relato, es contando como un guerrero “contaba el número de sus victorias por el de las cabezas de los jefes enemigos que había degollado, disecadas y reducidas al volumen de una pequeña naranja. Estos y otros despojos, además de las primorosas armas, eran los adornos de su aposento”.

El escritor habla, a lo largo de la obra, de que estas tribus están siempre en estado de guerra, lo que los hace mantenerse diestros en el uso del arco, la lanza, la maza y el uso de los venenos.  El consumo de la hayahuasca es costumbre para alucinar y describir las visiones que deben realizarse.  Juan León Mera describe así las costumbres guerreras de los indios amazónicos:

“La guerra se hace entre los indios frecuentemente por medio de sorpresas, y sus ataques nocturnos son terribles. Caminan largas leguas por tierra o por agua con tales precauciones que no se los siente, y muchas veces se arrastran como culebras considerables trechos, o van sepultados en las ondas hasta el cuello para aproximarse, sin ser vistos, a la población que se proponen asaltar. La muerte y el exterminio que llevan consigo son infalibles; el silencio profundo de que van rodeados, es el espantoso precursor del que reinará después en el lugar que talarán y cubrirán de cenizas. Una invasión de aquellas fieras en traza de hombres es más temida en el Oriente que la inundación de sus ríos, que el huracán y el terremoto. Familias y aun tribus enteras han desaparecido al furor de esas nocturnas tempestades de bárbaros que hallan su deleite en el incendio, la sangre y las contorsiones de los moribundos.”

La obra describe con realismo temas como la construcción de sus casas, que eran de postes de huayacán, paredes de guadúa partida amarradas con cuerdas de zapán y techos cubiertos de bijao.  En el contorno de la vivienda una chacra con yucas, papas y maíz, gallinas y gallos que eran el reloj natural con su canto, a veces perros amarrados como centinelas en las entradas de la casa para dar ladridos de aviso en caso de acercarse tigrillos o gatos monteses a la vivienda. El ambiente entre los habitantes de la tribu era mayormente de armonía, confianza e interés mutuo entre ellos, y la obediencia al anciano una virtud.  Los indios solían vivir varias familias juntas bajo una misma choza, y fueron gradualmente los misioneros enseñando a vivir por casas separadas a familias a manera de estar más cómodas habitando. La formación social era más de carácter patriarcal.  

Los pueblos asentados a lo largo del Amazonas también celebraban fiestas, como la de “las canoas” para refirmar amistades con otros vecinos pueblos, para unirse posiblemente como prevención al ataque de otras huestes guerreras.  Esta fiesta la realizaban guiados por las lunas y la época cíclica de florecimiento de las plantas de la zona y la maduración de los frutos.  Adornaban las canoas para el encuentro festivo con velas de cortezas, plumas de papagayos y gallos, puertas con flores y frutas, aves disecadas de plumas aterciopeladas y brillantes, y en medio de las indios casi desnudos pintada la piel, ceñida la frente un cintillo de conchas y plumas, y la cintura de cordones de hilo purpúreo o de cabellos humanos, con adornos de plumas.  La fiesta elegía al guerrero más fornido y capaz de entre ellos y destaca a alguna doncella como virgen de las flores.  Cantos y bailes son partes de la ceremonia.

El cortejo y la forma de iniciar un matrimonio era que el joven ofreciese ofrendas hechas por sus manos o recogidas y coleccionadas en sus trayectos, la joven como señal de entrega desprende uno de sus adornos y se los entregaría al proponente.  El padre de la doncella debía consentir la unión.  

Los cortejos fúnebres entre los pueblos se hacían conforme a sus creencias y costumbres, unos con fuertes estacadas cubiertas con ramas y hojas colocando a los suyos dentro de ellas con armas, vestidos y manjares. A otros destacados guerreros los sepultaban junto con su amada, quien era sacrificada para acompañar al gran hombre que había muerto.  Otras tribus sepultaban los despojos de sus guerreros y colocaban enormes troncos.

Cumandá, además de mostrarnos un drama de amor, pasión, venganza y muerte, es una obra literaria de descripciones vivenciales de la forma y figura del paisaje amazónico y las vivaz descripción cultural de los pueblos aborígenes y su contacto con la raza blanca, que a ratos pretendió civilizarla y a ratos los sometió a la misma barbarie que el hombre blanco ha vivido en sí mismo.

 “El buen salvaje” que no había sido afectado por las desigualdades de la civilización que Jacques Rousseau nombraba en sus escritos, se choca con la descripción realista de la pluma de J. L. Mera, que mostraba, tanto en los blancos como en los indios, la capacidad de tener pasiones, luchas y guerras por conseguir lo deseado.  Quizá el escritor influenciado por la creencia cristiana, cree ver en la evangelización verdadera a los indios una opción de mejorarse en costumbres y realidades de convivencia.   En todo caso nos llega hasta hoy una descripción muy realista de la sociedad de nuestros pueblos autóctonos con la grande obra Cumandá.

Julio, 2015

 

miércoles, 1 de noviembre de 2017

La forma cómo se aborda el tema de la muerte en cada una de las estrofas del poema “Carta a Lizardo”

Fuente: pexels-Cottonbro

 

Juan Bautista Aguirre, como hombre creyente en Dios en su calidad de clérigo, está muy claro sobre la trascendencia de la vida del hombre después de la muerte. Reflexiona y deduce que vivir y morir es la realidad más plena que el hombre puede tener de forma ineludible, por tanto, se debe vivir bien, en buen concepto ante Dios y ante sí mismo, y así entonces morir feliz y entrar a la eternidad. Pero el poeta, de manera maestra y grande, añade un nuevo concepto con un juego de palabras, en cada una de sus estrofas: “dos veces se muere”.  ¿A caso el excelso teólogo sugiere que empezar a vivir es morir por primera vez, y luego la muerte física es la segunda vez que se muere?

¿Se refería a esto realmente Juan Bautista Aguirre en su Carta a Lizardo?

En las estrofas del poema se sustenta que todo vive una vez y muere dos veces, las plantas, los animales, el arroyo, el río, el hombre…  El poeta dice: “todo clama ¡Oh Lizardo! Que quien nace una vez dos veces muera”, y en su conclusión del poema  en la última estrofa hace un desenlace sobre una realidad para él como creyente: después de la vida material existe, o la salvación “sempiterna vida” o la condenación “perpetua muerte”, y procura advertir a su amigo Lizardo que no se equivoque en alcanzar la vida eterna,  procurando que debe  “morir dos veces para que en alguna se acierte” (paráfrasis).  Desde la perspectiva cristiana y en función de la teología bíblica, el creyente debe morir a los deseos de la carne para poder vivir para Cristo (Comparar con Ro. 6.11; Col.3:3,5) Esta “primera muerte” asegura que en la “segunda muerte” se acceda a la sempiterna vida (vida eterna). Si bien esta idea es clara para Juan bautista Aguirre como sacerdote, no es claro para el lector del poema como los animales, las plantas, los ríos y todo se muere dos veces. No hay en este caso una explicación definitiva. Es como si el poeta quiso dejar una incógnita indescifrable sobre el significado de dos veces mueres como lo es de indescifrable la eternidad para la mente humana finita.

martes, 31 de octubre de 2017

La Fábula de la lechera (Doña Thruana)


 

El relato de lo que le aconteció a doña Thruana, es una obra de Don Juan Manuel, parte del didactismo en la literatura medieval, donde el personaje Petronio presenta al joven Conde Lucanor, un consejo sabio y prudente.  El Conde Lucanor representa en la fábula, los valores del hombre que es humilde en reconocer que la grandeza no está en la riqueza o el estatus, sino en la sabiduría.  Con la historia de doña Truhana, Petronio intenta mostrar, con un ejemplo, que no es correcto poner sus esperanzas de riqueza en las fantasías.  Sin embargo, esta fábula también contiene un antivalor.  

Aplicando estos valores propuestos en nuestra vida, implicaría ser humilde en escuchar consejo y no caer en hacer castillos en el aire, sino abrazar la sensatez de siempre mirar la realidad.

Las intenciones de los valores de Don Juan Manuel al proponer este relato y concluir con este verso: “En realidades ciertas os podéis confiar, mas de las fantasías os debéis alejar”, podrían equivocarse en algo como valor propuesto, y es que el tema de soñar y hacer planes son el combustible del progreso.  El temor a no cumplir los sueños, para no experimentar frustración, es los que nos corta las alas de volar y el deseo de superar una realidad, como el de doña Truhana, de escasez.  Sin darse cuenta, Petronio insta al Conde Lucanor a mantenerse en una “zona de confort”, apostando en sus pensamientos siempre por lo seguro y no arrojarse a los retos.  Doña Truhana hizo bien en soñar, en proyectarse al progreso y diseñar en su mente el camino a seguir para alcanzarlo.  Tropezar y derramar la miel, que era el producto génesis para su plan es normal en toda historia de emprendimiento y superación; quedarse lamentando, es el error.  No podemos enseñar a desistir frente a la primera caída, o pensar que la olla de miel que se perdió es la única que tendré en toda mi vida y nunca más volveré a tener una olla de miel para volver a empezar.  

No tener sueños de progreso en la vida es caer en la falta de optimismo como antivalor, y renunciar a los sueños que me propongo cuando enfrento en el primer percance me indica otro antivalor que es la cobardía, falta de fe y perseverancia.

 

 Julio, 2014

lunes, 30 de octubre de 2017

Metamorfosis...

Fuente: pexels-Mart-Production

José es un hombre que nace en condiciones adversas, hijo de padre alcohólico y madre prostituta.  Crece sabiendo que su padre no vela por él y que su mamá trabaja como meretriz para ganarse la vida; en su crianza es sostenida por su abuela en sus primeros años.  Los pocos encuentros con su progenitor son infortunados, una imagen de un hombre empobrecido moralmente y perdido en la dipsomanía.  Una relación con una madre llena de muchos amantes a sus ojos y en ambiente de “vida alegre” permanentemente hasta envejecer. 

José crece con la pobreza y la vergüenza, con el deseo de ocultar sus orígenes familiares, y con la expresión violenta de aprender a defenderse y abrirse campo solo, como hombre en la vida. Este ambiente lo envuelve a involucrase con jóvenes, que en similares condiciones, que buscan una razón para vivir o morir.  No tarda en encontrar en una pandilla un hogar que le ofrece la protección que no tuvo, y les paga con incondicionalidad en los riesgos a asumir por su grupo.  Se involucra en delitos de asaltos, ambiente de licor y drogas, mujeres que le van ofreciendo placeres en volutas.  

Caminando en los excesos y desoyendo las lágrimas de su madre y los consejos de su difunta abuela, un día empieza a despertarse y mirarse en el espejo y empezar a ver al hombre que un día pensó no ser, empieza a recordar cuando niño empezó a tomar conciencia de quién era su padre y su madre y se juró a sí mismo no ser como ellos, pero hoy frente al espejo el ser que se reflejaba era aquel con una vida que se estaba acabando entre el remordimiento la culpa y la compulsión por la búsqueda de los placeres prohibidos.  

En una mañana de frío invierno, la puerta de su casa es tocada, abre y ante él un hombre de aproximadamente su edad, y le dice: ¡José! Soy Andrés Mauricio, ¡tu amigo del colegio!  José extrañado y dudando de la amistad, pensando velozmente en la policía, intenta negarse y el persistente amigo empieza a darle pistas de su antigua amistad, José acepta al extraño y empieza a reconocerlo…

Pasan pocos días y varias visitas, y Andrés le empieza a relatar el porqué de su visita.  Sabe de los problemas y vida de José, y cree conocer la respuesta: Jesucristo…  

José ve en su antiguo amigo los ojos de Jesús, mirándolo y perdonándolo, y acepta caminar con él. Andrés lo conecta con un grupo de hombres, que con testimonios personales de luchas y vidas duras que se superaron, empiezan a calar en el corazón de José.  Muchas lágrimas corrieron por la mejilla de José al confrontar su realidad con el perdón de Dios.  Ahora José tenía que caminar sobre las huellas de sus heridas, y acompañado por dos amigos más junto con Andrés va al cementerio con una ofrenda floral a su padre, le pide perdón y ora a Dios por que lo perdone como hijo.  Luego va a casa de su madura madre y le pide que lo reciba.  Ahora su visita no era de reproche, si no de querer presentarle a aquel que estaba siendo su oasis en el desierto de su existencia.  Su madre también abrazaría la fe de su hijo no mucho tiempo después de esta visita.

Ahora José con 36 años, el hombre que nació y creció en una historia difícil, es un hombre nuevo que cree en la firme promesa de las Escrituras: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es, las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”.

 

Julio, 2014

domingo, 29 de octubre de 2017

El mito de la nereida del Cabo


 

En la parroquia de San Lorenzo, caleta de pescadores a casi 40 km de Manta, cuentan sus habitantes que, por los años de la década de 1950, uno de sus moradores se encontró con una sirena. Él era un hombre de mar que había sobrellevado muchas travesías como pescador.  En una ocasión, cogiendo pulpos en una noche a varias millas de la costa en la que se había adentrado solo, se encontró con una sirena que lo arrastró y se lo llevó a una playa lejana e inaccesible. La marea alta dividía aquella playa de su lugar de morada y volvía inaccesible siempre el paso. La sirena lo alimentó con pescado crudo al hombre, lo tenía cautivo, y luego de tres días, el pescador teniendo mucha sed, le pidió a la sirena que lo regrese con su familia, que extrañaba a sus hijos. La sirena accedió, y cuando el mar se secó permitió al hombre irse.  Cuenta la historia que el hombre solía beber agua mirando al horizonte del mar, y de vez en cuando divisaba a la sirena. Él caminaba a la orilla de la playa para ver de lejos a la sirena, y cuando muy pocas veces el mar estaba seco, la sirena lo llamaba para que vaya con ella.  El pescador nunca más volvió al mar.  Él contaría a otros pescadores lo que le aconteció, que la sirena vivía en una piedra ancha y grande. El hombre la describió como una mujer bonita que tocaba guitarra y cantaba, mitad humano y mitad pez.

 

Mayo, 2014

miércoles, 15 de febrero de 2017

Las Vendas de Raúl Pérez Torres


 

Descripción del relato

a)      Un hombre junto a una mujer, Juanita, están en un cuarto una noche, el hombre empieza a reflexionar sobre lo que está sucediendo en ese momento de intimidad entre ellos.  La mujer, Juanita, se está despojando de unas vendas sobre su cuerpo.  El hombre reflexiona sobre el pasado en común y pobre de ellos cuando eran niños en una ciudad de la sierra ecuatoriana, Quito (notado por la alusión al río que descendía del Pichincha y la Alameda). El hombre hace una reminiscencia de sus juegos de niñez.  El hombre luego regresa al presente, al cuarto donde la mujer, al parecer prostituta, no logra reconocerlo y cree de él un cliente más.

b)      El hombre ve una lavacara en el cuarto de la mujer, lavacara que las meretrices usan luego de la relación íntima con el cliente, y se recuerda de las aguas del carnaval de muchachos.  El escritor regresa al recuerdo de historias que compartían juntos, en medio de la escasez económica y sus intentos de ser vendedores ambulantes de globos en los carnavales. Revela al lector que el hombre la ha encontrado deambulando en los parques y ha contratado sus servicios para volver a verla una vez más.

c)       El hombre sigue asociando hechos actuales de la mujer con rastros del pasado. Ve a la mujer arreglando su ropa para lavar y se acuerda de como juntos se lavaban la “culpa original”, los recuerdos en la iglesia y la vida alrededor de ella destellando ingenuidad pura de niños inocentes y deseosos de una vida piadosa, sus travesuras infantiles y su complicidad.   El hombre sigue observando a la mujer en su cuarto y descubre al lector que la mujer ahora ya no tiene las curvas atractivas de antes, que engaña con los vestidos que trae encima a los clientes que la concurren aprovechando la oscuridad para ocultar un cuerpo ya casi cadavérico por la delgadez y la pobreza que ha cubierto a la mujer.

d)      El hombre sigue en el cuarto recordando a la mujer ya una niña avanzada en edad adolescente y cuando él empieza a desearla y la tuvo en su intimidad en una quebrada con la complacencia de ella.   Regresa el relato del hombre en el cuarto con la mujer y la describe con claridad ya envejecida y regresan sus pensamientos a recordar las veces que buscaban de jóvenes a tener intimidad escondidos del hambre y la pobreza en la que vivían. Describe el hombre la pasión juvenil de sus encuentros con la mujer traducida en versos y descubre que su alma se aprisionó en ella para siempre.  Que no podía olvidar las historias de ellos juntos soñando el mañana.  

e)      El hombre al final se descubre sufriente frente a la mujer que un día amó. Es bebedor, su madre ha muerto, su vida inestable y sin futuro cierto.  Ella un esperpento de mujer prostituida, envejecida y envilecida por la vida.

 Reconstrucción del orden lógico y cronológico de los acontecimientos  narrados

            1.    Juanita y el narrador se conocieron de niños, juntos compartieron en medio de la pobreza de sus respectivas familias en un sector pobre de la urbe quiteña. Jugaban juntos en el barrio, en sus calles.  Iban juntos a las quebradas a buscar zapallos, matas de toronjil, pepas de shanshi que las cambiaban en los mercados por jugos, entre las varias aventuras de niños que emprendían.

            2.    Seguían creciendo y juntos vendían globos para los juegos de carnaval, recogían helechos para llevar a la escuela, se peleaban con otros chicos.  

            3.    Solían ir a la iglesia a recoger agua bendita, rezar con inocencia.  Salían a comer dulces y melcochas juntos.  Eran cómplices en mentiras como cuando fingía enferma juanita para experimentar la ternura que nunca recibía de su familia.

            4.    El joven le regala a Juanita una trompeta destartalada y por esa época juvenil empieza a enamorarse de ella llegando a poseerse juntos en una quebrada y descubrirse amantes furtivos.  El joven quedaría prendido de la pasión que le despertaba Juanita.  Empezó a escribir versos y sus pensamientos nunca dejaron de desearla.

            5.    El narrador sigue creciendo y aprende oficios varios como forjador, tornero. Mientras el amor con Juanita crecía y trataban de pensar en un futuro juntos.

            6.    Ya adulto el protagonista y llevando una vida aparte, su mamá muere, se vuelve bebedor empedernido como su padre y tiene una vida inestable y solitaria, vive de un cuarto alquilando otro cuarto en otros barrios.

            7.    Juanita por su lado, se dedicó a la prostitución y ya envejecida engancha sus clientes por los parques de la ciudad cubierta de ropas que aparentan silueta, pero esconden un cuerpo escuálido sin belleza ni gracia.  Lleva a sus clientes a un cuarto de hotel precario.

            8.    Un día el hombre caminando embriagado se encuentra un día con Juanita por el parque la Alameda y se acerca a pedirle sus servicios, refresca los encuentros juveniles al verla y siente el fuerte contraste de lo que fue Juanita como compañía de su niñez: una pasión de su juventud con el cuadro de lo que Juanita estaba viviendo, quien a su vez no lo distinguía de ser un cliente más.

            9.    El hombre se lamenta inmensamente de ver a quien fuera un amor en su vida como una mujer acabada moral y físicamente y se pregunta en un monólogo interior: “por qué gladiadores caminos, por qué vastas soledades, por qué descabellados entuertos, por qué laberintos de múltiple pobreza venimos a dar a esta noche de espanto...”

             ¿Prolepsis/anticipaciones o analepsis/retrospecciones? 

El Narrador no entrega al lector un relato como una historia con una cronología secuencial de hechos.  En la construcción del cuento el autor hace uso consecutivo de la analepsis, de retrospecciones.  

La historia es contada por un narrador en primera persona, un hombre adulto, describiendo un momento que vive al encontrase con una prostituta acabada, y recuerda que ella fue una persona muy significativa en su vida desde su niñez y hace reminiscencias de su vida al verla.  En el relato el narrador realiza unas retrospecciones episódicas de cómo fue su relación con ella desde niños y luego jóvenes amantes.  Estas retrospecciones son insertadas en un monólogo interior que hace el narrador colocándolas en su relato como episodios que surgen en su mente mientras él sentado en la cama del cuarto contempla a la mujer despojándose de sus vestidos, de sus vendas como evento previo a la relación carnal que iban a tener.

Las correspondientes secuencias del texto serían:

-          Una relación de niños nacida de la vecindad del barrio en la urbe Quiteña de periferia social.

-          Un cariño que fue creciendo hasta volverse un amor juvenil.

-          Unos amantes furtivos que tratan de mantener su relación en medio del ambiente de pobreza y escasez que los rodeaba.

-          Unas vidas que cogen rumbos tristes como forma de vida.  Él un hombre inestable y bebedor, ella una mujer prostituida. Un ambiente sórdido los envuelve.

-          Un encuentro del hombre con la mujer se da en el ambiente de compra de servicios sexuales.  El hombre se horroriza de cómo llegaron sus vidas a vivir ese cuadro pobre y miserable. Lamenta profundamente en ver destruida moral y físicamente a la mujer que un día fue especial y única en su vida.

 

Pausas en la narración “Las vendas”

Son pausas en el relato, deteniendo el tiempo de la narración, los siguientes textos que usa el narrador para describir con más detalle las imágenes que poderosamente desea el escritor suscitar en la mente del lector:

 “a este cuarto donde sigues desmadejando vendas sin poder reconocerme en la penumbra mortecina que ha dejado tanto gesto repetido, tanto sudor de parejas precarias y marchitas que vuelven a la vida como un pequeño vómito, como un pequeño desliz, hipando a la muerte y a la resurrección entre dos carnes temblorosas”

 que te pondría paños frescos como los que te vas sacando mientras el puente se acorta y yo siento la desolación de dejarte ir sin haber atrapado tu concepto, culpable como todos de tu increíble desnudez, de tu secular despojo.”

 “esos senos ancianos que te llegaban a la cintura, esas fofas y desmadejadas nalgas puestas en libertad, esa sangre morada que se apretujaba a ti como una última venda, si hubiera tenido el valor de quedarme para darte mis recuerdos que te harían algún bien”

 “por qué gladiadores caminos, por qué vastas soledades, por qué descabellados entuertos, por qué laberintos de múltiple pobreza venimos a dar a esta noche de espanto”

 Elipsis en el relato

 Se encuentra una elipsis marcada en el relato cuando el escritor da un salto de tiempo en la narración, contando que el hombre y Juanita se amaban furtivamente y luego el relato sólo describe y muestra entre líneas que el protagonista y Juanita han caminado por senderos distintos en la vida, separados y que se han encontrado en una noche donde él ha solicitado sus servicios sexuales y ella no ha alcanzado a reconocerlo.  El escritor no explica en su relato cómo se llegó a tal estado en sus vidas: él ha llegado a ser un hombre solitario, bebedor, inestable; y ella una mujer deteriorada entregada a la prostitución callejera.  El relato deja a la imaginación del lector el deducir porqué los protagonistas se separan y llegasen a tal estado de deterioro en sus vidas.  

 Escenas de tiempo real de la historia

Si bien el relato es descrito como un monólogo narrado, y los diálogos entre los protagonistas no son desarrollados, se pueden identificar dos escenas donde el tiempo del discurso es más o menos equivalente al tiempo de la historia:

“vos abrías los ojos apesadumbrados y dejabas escapar estas palabras “mañana me he de morir, ¿no? mañana me he de morir”, entonces tu abuela hacía hervir agua en nuestro reverbero y te ponía paños calientes y te daba masajes en el corazón”

“donde vas desnudando tu esqueleto cansada de la rutina y de la angustia, de la densa y punzante falta de pan, aceptando esta penosa forma de culparme, diciéndome con una voz ronca que nunca conocía: “no se asuste amigo, de otra manera no engancho” y yo estoy paralizado al borde de la cama, entumecido de tus vendas fatales que se han ido enroscando en mi cuerpo Juanita, sin poder decirte que me cambié de barrio, que mi vida va siendo solamente un continuo cambio de cuarto, que mamá murió, que papá me ha pasado su copa como una herencia inigualable, que he logrado aplastar el futuro, aniquilarlo, responder al despojo, al desalojo de una manera estoica y babosa, y te miro Juanita al borde de una lágrima inútil como todo”

 

 Resumen en el relato

Las primeras frases de la narración en su introducción son un resumen de la obra:

“Yo no sé juanita por qué gladiadores caminos, por qué vastas soledades, por qué encabellados entuertos, por qué laberintos de múltiple pobreza venimos a dar a esta noche de espanto, a este espantajo de noche, donde te fuiste sacando las vendas ante el ojo perplejo y destartalado de una ventana de hotel y ante el patojo furor de este corazón que ya no suena.”

Una vez leído todo el cuento, se puede decir que el narrador empieza con un resumen de su obra con este primer párrafo y luego en los subsiguientes textos se dedica a explicar lo sucedido.   Las claves del resumen radican en:

 - La pregunta de inconformidad y frustración que se hace el hombre ¿por qué caminos venimos a dar a esta noche de espanto? muestra que la reflexión implica la idea de: qué hemos hecho de nuestra vida para estar en estos momentos tan desagradables cuando antes no lo eran así entre nosotros.

- El señalamiento de despojarse Juanita de sus atavíos en un hotel de mala muerte en esa noche indica su condición marginal y de prostituta.

- Indicar “este corazón que ya no suena” trae implícito que hubo un amor anterior en el tiempo entre ellos, o al menos del protagonista hacia ella, y en la actualidad ya no lo hay.

 

 Análisis en el relato

Toda la obra es en realidad un análisis que hace el protagonista, quien es el narrador en primera persona realizando un monólogo a lo largo del relato, donde el tiempo del discurso es mayor que el momento del encuentro del hombre mismo con Juanita, la prostituta, en un cuarto de hotel.  El protagonista está observando desde el filo de la cama a la mujer mientras esta se va desvistiendo, y mientras la observa en su mente empieza a lamentarse de lo que está viviendo en ese momento, y se pone a pensar y a recordar toda la relación que los unió con anterioridad desde niños y jóvenes.  El lenguaje abordado a lo largo del análisis que hace el narrador es con el uso frecuente de metáforas como recurso para describir el presente y el pasado vivido entre ellos.  El cuerpo de la obra se construye bajo un análisis que hace el narrador-protagonista desde que empieza hasta que termina el relato.

lunes, 9 de enero de 2017

Análisis temático y estilístico del cuento “A la deriva” de Horacio Quiroga


 

Introducción

“A la deriva” Es un relato de Horacio Quiroga que forma parte de la publicación narrativa Cuentos de amor de locura y de muerte, libro de cuentos publicado en 1917.  El autor hace un énfasis de la fatalidad en sus escritos y este cuento va en esta línea marcada por el autor.  En este relato se narra una historia en el marco descriptivo de un paisaje local a orillas del río Paraná.  

El argumento del cuento estriba cuando un hombre en la selva es mordido por una serpiente, con mucho sufrimiento intenta llegar a un poblado cercano navegando por el río en su canoa para pedir ayuda y muere en el intento. El núcleo del tema es el sufrimiento físico de un hombre.

 

Desarrollo y análisis temático - estilístico

Quiroga es un escritor modernista que no utilizaba en sus obras narrativas términos muy regionalistas, sino un castellano claro para definir su argumento en la obra.  El relato de este cuento está comprendido en tres partes sustanciales: la primera parte empieza con el hombre mordido por la serpiente, llega a su rancho sufriendo y coge su canoa para ir por ayuda al poblado TacurúPucú.  La siguiente parte describe al hombre con angustia y dolor gradual recorriendo en la canoa el río.  Recrudeciéndose su padecimiento, se desembarca en busca de su compadre Alves en el camino y no lo encuentra, regresa a rastras a la canoa nuevamente para seguir su viaje.  La parte final del cuento es cuando el hombre empieza a sentirse mejor y llega a su mente evocaciones de personas que conocía en esas localidades, empieza a delirar y muere.

Este relato es una narración en prosa muy elaborada que logra ser claramente descriptiva del suceso a contar.  El narrador es omnisciente y en momentos ingresa al alma del protagonista y cuenta los hechos como viviéndolos.  Empieza la historia con un hombre encontrándose accidentalmente con una víbora que lo muerde en el pie, con su machete acaba con la víbora y con el dolor creciente va inmediatamente a su rancho.  Allí con ayuda de su mujer Dorotea intenta calmar su dolor con licor, pero en su garganta la percibe como agua.  El escritor va describiendo el avance gradual de la gravedad de la mordedura, del pie tomando la pantorrilla, luego la pierna y llegando a la ingle con hinchazón y dolor. La descripción vívida que hace el escritor de la resequedad de la garganta y el vómito llevan al lector a interiorizarse en el sufrimiento del protagonista de la historia llevándolo a compartir la angustia del hombre que resuelve ir en su canoa a lo largo del río a buscar ayuda en el poblado más cercano. El escritor ubica un espacio y le inserta un tiempo al relato para asignar en la crónica la distancia a la que se encuentra el sufriente de su salvación “...lo llevaría antes de cinco horas a TacurúPucú”.

La hinchazón y el dolor siguen creciendo en el relato mientras el hombre continuaba navegando en su canoa para acercarse al poblado. El escritor aumenta la tensión de la narración dibujando un cuadro de angustia cuando el hombre a rastras en una orilla intenta buscar ayuda de un antiguo camarada de la zona, del cual nos avisa la historia que no se hablaban por un disgusto desde hacía mucho tiempo atrás pero frente al dolor y temor a morir recurre a él.  Este hecho muestra un elemento más al lector, el protagonista vivía solitario en su zona, puesto que la única opción a cinco horas del poblado era su compadre en un punto cercano con el cual desde hacía tiempo no se relacionaban.  El relato se va intensificando cuando el protagonista no logra contactar a su compadre y vuelve a la canoa deslizándose a la deriva en el río.  Allí el escritor suma la angustia del protagonista en su dolor físico con una descripción crepuscular del ambiente, pintando el paisaje con colores negros y lúgubres en medio de la imponente selva recorrida por el Paraná “fúnebremente el río [...] bordeadas de negros bloques de basalto [...] el bosque, negro también.  [...] la eterna muralla lúgubre [...] agua fangosa.  El paisaje es agresivo, y reina en él un silencio de muerte”.

El escritor da un salto de repente a mostrar una mejoría imprevista del protagonista, el lector se ve dirigido a tener a suspirar como diciendo “al fin...” y mira la lectura con esperanza nacida de la pulsión de vida que yace en todo ser humano.  El relato dice que “antes de tres horas estaría en TacurúPucú “ y el escritor lleva de la mano al lector a los pensamientos de vida del protagonista en recordar a otro compadre, Gaona, que lo verá en el pueblo, a su anterior patrón míster Dougald, pensamiento que se suceden mientras la sensación de dolor desaparece y el relato dibuja a la canoa deslizándose sobre un ambiente de un bello atardecer en “olor de “pantalla de oro” que destilaba “efluvios de azahar y miel silvestre”.  La canoa se desliza velozmente y el cuadro final del escritor es una canoa dando vueltas alrededor de un remolino del río con el protagonista sintiéndose mejor y recordando a su ex patrón en el tiempo de su reminiscencia, su mente trae a otros personajes de su historia y hace un esfuerzo por recordar cuándo los habría visto, se corrige en el tiempo en su mente y de repente da el hombre su último respiro y fallece describiendo el autor el movimiento lento de la mano del sujeto en un cuadro final de muerte precedida por el delirio.

 

Conclusión – impresión final

El autor nos lleva de la mano en esta historia a vivir la tensión de los diferentes episodios del sufrimiento de un hombre que intenta luchar para sobrevivir y al final nos hace sentir a los lectores como si tuviésemos esperanza y luego de forma rápida nos avisa que era una ilusión, que el desenlace era morir irremediablemente. Horacio Quiroga en este cuento modernista usa del lenguaje claro y conciso en una narrativa de descripción gradualmente intensa, que va creciendo con el relato hasta llegar a un clímax, luego una calma de los sucesos en espera de un desenlace feliz e inesperadamente un golpe de timón al momento mostrando la consumación trágica de los hechos.  El cuento de Quiroga, “A la deriva”, es un relato maestro intenso de unos sucesos descritos en un espacio corto de tiempo donde se puede sentir la piel y el alma sufrida de hombre agónico llevando al lector a un final sorpresivo y de resignación.

Puntos de lectura

“…hay una ciudad que debe seguir teniendo esquinas y sitios para la vida a pie. Lugares con sombra y luz, con ajardinamiento, para quedarse ...